sábado, 30 de agosto de 2008

UN CUENTO PARA EL FRÍO

A punto de acabar las vacaciones, me acordé anoche de este precioso cuento que releo con cierta frecuencia. Deseo que os guste, como deseo también que hayáis recogido los colores, la música, la alegría y los rayos de sol suficientes como para iluminar y templar los días futuros. Seguro que sí.


A lo largo del prado, donde pacían las vacas y trotaban los caballos, había un viejo muro hecho de piedras.





En aquel muro, no lejos del pajar y del granero, tenía su hogar una parlanchina familia de ratones.





















Pero los granjeros se habían marchado, el pajar estaba abandonado y el granero aparecía vacío. Y, como el invierno no andaba lejos, los ratoncitos empezaron a recoger maíz, nueces, trigo y paja. Todos trabajaban día y noche. Todos menos Frederick.




















“Frederick, ¿por qué no trabajas?”, le preguntaron. “Yo trabajo”, dijo Frederick. “Recojo los rayos del sol para los fríos y oscuros días de invierno”.

Y cuando vieron a Frederick, mirando al prado y sentado, le dijeron: “¿Y ahora, Frederick?” “Recojo colores”, dijo Frederick, sencillamente. “Para el invierno gris”.




Y una vez, Frederick parecía medio dormido. “¿Estás soñando, Frederick?”, le preguntaron con reproche. Pero Frederick dijo: “Oh, no. Estoy reuniendo palabras, porque los días de invierno son muchos, y largos, y se agotarán las cosas de qué hablar.”






















Los días de invierno llegaron, y, cuando cayó la primera nieve, los cinco ratoncitos se instalaron en su escondite entre las piedras.


Al principio había raciones para comer, y los ratones contaban historias de zorros tontos y gatos mentecatos. Eran una familia feliz.



Pero poco a poco, habían roído la mayoría de nueces y bayas, la paja se fue, y el maíz era sólo un recuerdo. En el muro hacía frío y nadie sentía ganas de charla.

Entonces se acordaron de lo que Frederick había dicho sobre los rayos de sol, los colores y las palabras. ¿Qué hay de tus provisiones Frederick?”, le preguntaron.

“Cerrad los ojos”, dijo Frederick, mientras se subía en una gran piedra. “Ahora os envío los rayos del sol. Sentid su dorado resplandor…” Y a medida que Frederick hablaba del sol, los cuatro ratoncitos volvían a sentir su tibieza. ¿Era la voz de Frederick? ¿Era magia?






“¿Y qué hay de los colores, Frederick?”, preguntaron ansiosamente. “Cerrad los ojos otra vez”, dio Frederick. Y cuando les habló de la azul flor pervinca, de la amapola roja entre los trigos amarillos, de las verdes zarzamoras florecidas, ellos veían los colores con tanta claridad como si estuvieran pintados en sus mentes.


























“¿Y las palabras, Frederick?”

Frederick aclaró su garganta, esperó un momento, y entonces como desde un escenario, dijo:

“¿Quién esparce los copos de nieve?

¿Quién derrite el hielo?

¿Quién estropea el tiempo? ¿Quién lo hace bonito?

¿Quién hace brotar en junio la cuarta hoja del trébol?

¿Quién nubla la luz del día? ¿Quién enciende la luna?

Cuatro ratoncitos de campo, que viven en el cielo.

Cuatro ratoncitos de campo, como vosotros… y yo.

Uno es Ratonprimavera, que danza en el aguacero.

Viene entonces el Verano, y pinta en las flores.

Otoñoratón le sigue, con trigo y con castañas.

Y el último es Invierno… con fríos piececitos.

¡Tenemos suerte de que las estaciones sean cuatro!

¡Pensad en un año con una menos… o una de más!”

Cuando Frederick terminó, todos le aplaudieron.

“Pero, Frederick”, le dijeron. “¡Tú eres un poeta!”



Frederick se ruborizó, hizo una reverencia y dijo tímidamente: “Ya lo sé.”

Frederick
Leo Lionni
Barcelona: Lumen, 1999

12 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Nueva entrada en este blog! Ya era hora. Me encanta este cuento y más ahora que debemos prepararnos para el frío. Acopiaremos pues víveres y poesía.
Un saludo a la Torre

placidasonoridad dijo...

Hola amigüica. Ya era hora. El cuentico este estube a punto de comprarselo a mi hijica. El mundo necesita esos mensajes de cambio de paradigma.

Un besimbis en el culimbis.

Anónimo dijo...

Conocía este cuento porque me lo leyó una amiga a la que quiero más que a mi vida. Es muy precioso y lo recordaré siempre como si lo tuviera delante, aunque gracias por ponerlo.

el boss dijo...

Siempre me llamó la atención tu eclecticismo y no podía ser menos que no lo dejaras palpitar en tu blog (aunque echo en falta un texto de risas, pero de las tuyas que son las buenas).
El cuento es fantástico y lo compraré para este invierno . Se te echaba de menos y alegría al leer tu fábula.Un beso preciosa y mañana a contar.

el boss dijo...

hola otra vez. hE encontrado esto y creo que te gustará.
http://es.youtube.com/watch?v=OechPIMfI-Q

Anabel dijo...

Si os ha gustado realmente me alegro. Leonni una vez dijo que "de algún modo, en algún lugar, el arte expresa siempre los sentimientos de la infancia" y de algún modo yo digo que realmente todos somos tan eclécticos como todas las etapas, vivencias y personas que llevamos dentro, muchas creo. Placidasonoridad, cuenta con el libro para Jimena la próxima vez que nos veamos que espero sea pronto (y postea ese cómic tan chulo en cuya colaboración guionística impagable formé parte, ya no me acordaba) y gracias boss por el comentario y enlace, yo soy más de risas en directo y mañana te deleito. Un beso a todos.

Anónimo dijo...

Una pregunta que te hago, Anabelén:
¿Se puede hacer realmente posía con el estómago vacío?
Un saludito.
Neddi Flanders

placidasonoridad dijo...

Tus deseos son órdenes anabelli.

http://placidasonoridad.blogspot.com/

Anabel dijo...

Conjugar las connotaciones burguesas (en cuanto a arte) con la falta de hambuguesas mmm, Flanders, pienso que sí, que sí es posible. Numerosas obras consideradas hoy artísticas se crearon como mera distración de lo "famélico". Por ahí anda una nana a la cebolla entre otras mil y una y en definitiva, que el dolor da mucho de no y de sí, sea de hambre, de amor, de enfermedad... rotundamente sí. Pero buena pregunta contextual.
Saludos a Spring

Anónimo dijo...

¡Buena respuesta, Anabelén!
La verdad es que me has dejado K.O.
Supongo que es algo así como el que canta sus males espanta.

Saluditos.

Flanders.

Anónimo dijo...

¿Ana Belén? Bueno, yo creía que se trataba de la torre de Anabel. Unos besos para todos ahora que ha empezado el deshielo de nuevo en este blog camino de la ratónprimavera.

Tropovski dijo...

El cuento ME ENCANTA: justa réplica a la fábula de la hormiga y la cigarra, quiero decir: por fin se le hace justicia a la cigarra, hostia.