Que un clérigo supiera más sobre conquistas, pero de esas del corazón, que el resto de lo mundanos decía poco de nosotros y de nuestras artes (aunque también es cierto que eran ellos los que tenían el acceso a la cultura). Y que a una semana escasa del día de todos los que se aman encuentren el manual, no uno cualquiera, sino el primero y más antiguo de la lista –o así señalan los expertos- ¿será cosa del azar o tan sólo un incentivo?
Modi dictaminum, así se llama, data del siglo XII y se encuentra en La Biblioteca Capitular de Verona. Me pregunto si la diosa de la Fortuna también habrá puesto aquí de su parte para que sea descubierto en la ciudad donde Romeo y Julieta montaran su baile de máscaras.
Casualidades más o menos tontas aparte, Guido, su presunto autor, aconseja, en Latín y en pergamino, cómo escribir aquellas epístolas que harían temblar al caballero del que dicen que es más duro que el mármol de Carrara o a la dama más empolvada de la fiesta (y a los polvos Bottega Verde me refiero).
Era la Edad Media y por supuesto, las misivas nada tenían que ver con los mensajes TQM o Kevin x Vanesa de hoy día. Los consejos, según leo, iban desde cómo saludar por carta a la amada hasta cómo despedirse. Pero también cómo debe escribir una esposa a su marido o un amante a su amada. Se recomendaba elogiar siempre la belleza y la calidad del destinatario recurriendo a comparaciones mitológicas con parejas célebres: Paris y Helena, Príamo y Tisbe, a similitudes con piedras preciosas o enviando "tantos saludos como flores que trae el verano" y utilizar expresiones que indicaran la incapacidad de describir un sentimiento inefable "cuán profundamente te amo con palabras no podría expresar aunque todos los miembros de mi cuerpo pudieran hablar".
Tengo la esperanza de que con el tiempo editen el facsímil o, al menos , una obra que trate con más detalle la poca información que se ha proporcionado hasta el momento. Mientras, podemos utilizar sus metáforas y comparaciones adaptándolas a nuestra época (ya que hoy nadie compararía a nuestra Valentina con Tisbe, ni a nuestro Valentín con Príamo, aunque cuidado con éste). O instruirnos con el Ars Amandi de Ovidio, didáctico a la vez que divertido, sobre cómo tratar con más atención al objeto de nuestro corazón y aplicar este aprendizaje a los métodos tradicionales actuales, es decir, sms, msm, e-mail, msn… Y después de lo dicho me despido amigos míos dulcísimos, pues saben que por el perfume de vuestro amor no vacilaría en cruzar montañas y atravesar los mares a nado.
Es un decir, además de un plagio, pero si podéis superarlo…
Tantos saludos como peces hay en el río.






























