“La palabra empfindsam, propuesta en 1768 por el crítico y dramaturgo Gotthold Ephraim Lessing como equivalente alemán del calificativo inglés sentimental, se convirtió rápidamente en una palabra clave en la esfera lingüística alemana para descubrir el nuevo tipo de vida emocional que cultivaba la sociedad burguesa. A la lectura le correspondió un lugar central en el fomento de la sensibilidad del individuo: leer significaba ahora identificarse con las emociones que otro había confiado al papel y, al mismo tiempo, explorar y ampliar el horizonte del propio potencial emocional”.
Este párrafo pertenece a “Horas de éxtasis”, uno de los capítulos de Las mujeres, que leen, son peligrosas de Stefan Bollmann (y he de puntualizar que el uso estratégico de la coma tras la palabra “mujeres”, no sé, me resulta interesante. Realmente ¿debería ir ahí?). Me regalaron este libro las pasadas navidades y acabo de terminarlo y ya que ciertas cosas me derivan, sin más remedio, a otras, pues aquí queda esta entrada.
Este párrafo pertenece a “Horas de éxtasis”, uno de los capítulos de Las mujeres, que leen, son peligrosas de Stefan Bollmann (y he de puntualizar que el uso estratégico de la coma tras la palabra “mujeres”, no sé, me resulta interesante. Realmente ¿debería ir ahí?). Me regalaron este libro las pasadas navidades y acabo de terminarlo y ya que ciertas cosas me derivan, sin más remedio, a otras, pues aquí queda esta entrada.
Nunca me han gustado las catalogaciones de cosas de hombre vs cosas de mujer, aparte de lo que a indumentaria y accesorios diversos le confiero -no tantos- y en estos tiempos, menos aún. Lo que llaman literatura femenina, en cierta manera y en casi todas, me crispa, y no lo puedo evitar, pues nunca oí hablar de una literatura masculina, que por no haber escuchado no dudo que exista, sin embargo no puedo tampoco rechazar la evidencia histórico-literaria de tantísimos hechos y es por esto. Laura Freixas en el prólogo al libro Madres e hijas cita:
“Ese es el verdadero problema para poder reconocer la existencia de una literatura femenina: la idea implícita, pero muy generalizada, de que la literatura escrita o leída por mujeres es (como todo lo femenino) de segunda categoría. Literatura femenina sería pues equivalente de subliteratura: una prolongación, ligeramente más culta, de las fotonovelas, los culebrones y las revistas de modas. Es lo que ha ocurrido con la palabra 'poetisa': está tan cargada de connotaciones peyorativas (véase por ejemplo el personaje de Aina Cohen, cursi, aduladora, solterona y lesbiana reprimida, en Mort de dama de Llorenç Villalonga), que las mujeres que escriben poesía optan hoy, unánimemente, por llamarse a sí mismas poetas [...] Hacemos el juego a los que piensan, como aquel crítico de arte, que 'cuando las pintoras pintan bien, ya no son pintoras, son pintores' [...]”.
Pero vayamos al libro, que me pierdo entre feminismos. Me ha gustado, casi más por la selección de imágenes que por el texto, que se me queda más que corto. Mientras, me concentro en una de ellas "Mujer leyendo". Absorta por el mundo de la lectura...

Peter Janssens Elinga "Mujer leyendo", 1668/1670
La obra, tal y como Bollmann señala, puede traducirse como algo diferente. El contexto histórico y también la clave de lo que está leyendo, (si nos acercamos al cuadro podremos leer las páginas. Een schoone historie van den Ridder Malegys, die het vervaarlyk paard Ros beyaard wan: en die veel wonderlyke en avontuerlyke dingen bedreef. Es un romance de caballerías en holandés medieval sobre un personaje llamado Malegys que realizó innumerables y maravillosas proezas, (traducción en prosa del romance épico francés del s.XIII Los cuatro hijos de Aymón). Esta lectura puede entenderse como algo inapropiado para una criada, que está perdiendo el tiempo dándole alas a su fantasía en vez de estar trabajando. Sin embargo, estos dos puntos de vista son los dos lados de la misma moneda.
En un artículo de James Conlon titulado Men Reading Women Reading: Interpreting Images of Women Readers, el autor explica que cualquier mujer leyendo transmite cierta amenaza a la cultura patriarcal. El libro le quita el hecho de ser dominada por un mundo de hombres y la coloca en su mundo textual donde el placer y la sabiduría están, literalmente, en sus propias manos. Por tanto, el pintor controla el lado femenino que retrata. El retrato de Elinga también podría interpretarse de esta manera: la mujer sentada de espaldas hacia nosotros: inconsciente de nosotros, del pintor, simplemente leyendo. Además, insinuando su pereza (los zapatos tirados, la fruta…) el pintor controla el deseo de la mujer imponiendo un juicio moral en ello. Si esto es así, entonces, esa lectura femenina le confiere poder y ¿es eso precisamente lo que causa la necesidad de control?
Otro artículo de Stephan Schindler Fantasías masculinas de mujeres leyendo en la Alemania del s. XVIII cuenta que el simple hecho de ver a una mujer leyendo era percibido históricamente como una amenaza hacia el patriarcado. El autor describe cómo en el s. XVIII, tanto críticos literarios, filósofos, pedagogos y médicos estaban obsesionados con controlar la lectura femenina. El motivo principal de tal obsesión era que la lectura femenina provenía de su naturaleza sexual. Schindler, en Hannoverisches Magazin (1789) ilustra cómo el divertimento de la mujer a través de un texto era tan temido como un divertimento sexual real. A través de su imaginación la mujer crea una imagen con la que se acuesta por las noches y se levanta por las mañanas. Y ¿no es esta imagen tan altamente peligrosa como la de un amante secreto?
Su artículo muestra cómo toda clase de profesionales buscaron darle una patología a esa manía femenina de leer (Lesewut or Lesesucht en alemán), con el fin de curar a estas mujeres y eliminar de una vez por todas la amenaza de ese deseo femenino. Un retrato de Pierre-Antoine Baudouin (1760) "Frauen die Lesen" muestra a una mujer que sufre de tal Lesesucht: ha entrado en éxtasis mientras leía una novela. Boll incluso sugiere que la otra mano, la que no se ve, se encuentra bajo la falda, cosa que yo no aprecio pero de ser así ¿qué?

Pierre-Antoine Baudouin "La lectura". 1760